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jueves, 16 de junio de 2016

La Tecnología de los Pitidos






   

                                La tecnología de los Pitidos




Para los que hemos rebasado la edad de la juventud, la tecnología nos sorprende cada día. Quizás porque nacimos en un momento en que los avances tecnológicos caminaban despacio y cada paso era un acontecimiento mundial. Hoy la ciencia y la técnica no dan pasos, corren y apenas descubrimos algo nuevo, se hace viejo.

Un día, mientras preparaba la comida en la cocina, siento un pitido intermitente. Pensé de inmediato en un camión o un equipo de construcción en retroceso pero no, se había quedado la nevera abierta. Fue entonces que me puse a pensar que estamos en medio de una ola de tecnología de los pitidos. El micro-ondas, la vitro-cerámica, el horno, la nevera, el ordenador, el teléfono, en fin, muchas cosas pitando.

Antes no pasaba eso. La cocina, no importaba que quedara encendida, tarde o temprano te darías cuenta. La nevera, pues para que iba pitar si el que la poseía la cuidaba como a un niño. El teléfono era el único que pitaba si se quedaba descolgado y para eso de mala gana.

 Si seguimos con estos avances tecnológicos, con avisos sonoros, llegará el momento que los alimentos te avisaran, con un pitido, si está apto para comer o si están fríos o calientes. Me imagino llegar a una peletería y al intentar probar un par de zapatos suene un pitido porque no es tu talla o porque tus pies huelen mal.

De todas formas estoy a favor de los pitidos pero me gustaría que fueran diferentes, Al menos los ancianos, si no estamos sordos, nos daríamos cuenta de que artefacto se trata.



Pedro Celestino Fernández Arregui.

viernes, 27 de mayo de 2016

Los libros








                             
                                  

                                    Los Libros
 

 Cuando veo una película tengo presente la historia, la actitud de los personajes, el entorno y al final saco los valores positivos. Igual hago con los libros. Creo que todos enseñan algo. He conocido a personas que apenas saben expresarse verbalmente y sin embargo puedes aprender de ellas.

 He leído libros a los que han calificado de “malos” o a sus autores “pésimos escritores” y sin embargo he encontrado frases increíbles y otros con fama que siguen camino trillados. Pero todos enseñan. Unos más y otros menos. Como decía Jacinto Benavente “Los libros son como los amigos, no siempre es el mejor el que más nos gusta”.

  Es normal que los libros vayan dirigidos a diferente lectores: infantiles, adultos, románticos, políticos, etc. También es normal que a un religioso no le guste un libro erótico o aun lector de derecha le guste un libro de Carlos Marx o uno de izquierda le guste leer los comentarios de Carlos Alberto Montaner o los libros de Zoe Valdés. Sin embargo se deben leer. “La Edad de Oro”, libro escrito por José Martí y dirigido a los niños, impresiona a los adultos y son muchos los intelectuales que lo han leído.

 De acuerdo a la categoría los libros de historia son los más controvertidos. Y es que la historia puede ser cierta en fechas y lugares pero a la hora de comentar sobre determinado suceso, es como decía Ramón de Campoamor “En este mundo traidor nada es verdad ni mentira todo es según el color del cristal con que se mira

 Sobre la  guerra civil en Angola se ha escrito algunos libros, como: “En Busca del Enemigo” de John Stockwell, “Angola un Abril como Girón” del periodista cubano José M. Ortiz, “Operación Carlota” artículo de Gabriel García Márquez en la edición 53 de 1977 de la revista Tricontinental, y otros. Sin embargo, a excepción del exagente de la CIA que estuvo allí antes de la llegada de las tropas cubanas, ninguno estuvo directamente en los frentes de batallas, tomando fotos ni películas durante 1975-1976. Tampoco estuvieron, en ese periodo, periodistas extranjeros. Las pocas fotos u otros testimonios publicados durante ese tiempo eran brindados por el alto mando cubano. De ahí que la información brindada en los escritos sobre la llegada, combates, muertos, etc. procedía del Gobierno cubano y no de sus autores.

 No quiero criticarlos. Hicieron lo que podían hacer pero eso está muy lejos de los verdaderos acontecimientos.

 Y esto no ocurre con el libro “El León Rojo, Memorias de un Combatiente que ha sido escrito por alguien que vivió en carne propia la crueldad de una guerra como lo vivió Hemingway en ” Por Quién Doblan las Campanas”.

  Como dice un proverbio indú: “Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora”.

Pedro Celestino Fernandez Arregui

miércoles, 4 de mayo de 2016

El Emigrante



                                                   El Emigrante

                         Salir de su pueblo rumbo a lo desconocido
                         por desiertos, mar o selva, con peligros al acecho.
                         Siente los latidos sordos en el pecho
                         siente en la espalda los pies adoloridos.
                         Va en busca de un mundo mejor
                         con la intención de a su familia ayudar.
                         Buscan, sin saberlo, un mundo que puede ser peor
                         donde siempre serán extranjeros de algún lugar.
                         Y aquellos países donde reinan las tiranías
                         siempre serán esclavos dejados a la deriva.
                         El emigrante suda día tras día su jornal
                         y se seca el sudor en su aldea natal.
                         Sueña con ser igual que sus nuevos amigos
                         pero despiertan siempre con el mismo trigo.
                         Aquel le da trabajo y otro una sonrisa
                         pero detrás de cada gesto aflora la codicia.
                         No tiene confianza. ¡ Hay mucha avaricia!
                         Y también la xenofobia salpica al emigrante.
                         Muchas veces lágrimas y en el alma dolor
                         pensando que lo triste es que antes
                         todos en el mundo hemos sido emigrantes.

                                   Pedro Celestino Fernández Arregui